lunes, 31 de agosto de 2009

Ancestro tribal

 LITERATURA PREHISPÁNICA

 Etnias Indígenas de Colombia

 

https://www.youtube.com/watch?v=h73DGX9uWnc

https://www.youtube.com/watch?v=Qqkj4Dx1eI4

Actividad

}
 https://www.youtube.com/watch?v=32ihXfTbAfc

 

 Huellas ancestrales  


lunes, 15 de septiembre de 2008

Mitos y leyendas - esquema

Muchas mitologías comienzan en tiempos inmemoriables, con la aparición de una conciencia de la existencia de un dios creador
El tiempo mitológico, implica un tiempo fuera del tiempo, que circula en forma cíclica, esto signfica que la historia vuelve a repetirse una y otra vez.
La realidad del mito
"Enfocado en lo que tiene de vivo, el mito no es una explicación destinada a satisfacer una curiosidad científica sino un relato que hace vivir una realidad original y que responde a una profunda necesidad religiosa, a aspiraciones morales, a coacciones, a imperativos de orden social e incluso a exigencias prácticas." Bronislav Malinowski
Dice Mircea Elíade que el mito es una realidad extremadamente compleja, que podría mirarse e interpretarse de diferentes maneras, a menudo complementarias. EL mito contaría, en general una historia sagrada que relata un acontecimiento sucedido durante un tiempo primordial, la edad de oro, el fabuloso tiempo en el que todo comenzó. En este sentido, el mito cosmogónico es "verdadero" puesto que la existencia del mundo está ahí para demostrar que el mito ha sucedió y sucede: el mito de la muerte existe puesto que la mortalidad humana así lo prueba.
Existirían, sin embargo, dos categorías de narraciones mitológicas, las que se refieren al "tiempo primordial" cuyas historias suponen una modificación sustancial del mundo cotidiano y los relatos cuyos acontecimientos no implicaron una consecuencia drástica para la condición humana.
Respecto a la primera de estas categorías es posible afirmar que el tipo mítico conforma una realidad fuera de la realidad, transfigurada por la intervención de Seres Sobrenaturales. En algunas culturas, el individuo, al participar de la experiencia que lo pone en contacto con este saber mitológico, se inserta e integra en ese tiempo fabuloso haciéndose contemporáneo los acontecimientos evocados-

Características de los relatos míticos
1. Constituye la historia de los actos de los Seres Sobrenaturales.
2. La historia se considera Verdadera (porque refiere a realidades) y Sagrada (porque es obra de Seres Sobrenaturales.
3. Se refiere a una "creación" en el sentido que cuenta cómo algo ha llegado a la existencia o cómo un comportamiento, una institución, una manera de trabajar se han fundado; es ésta la razón de que los mitos constituyan los paradigmas, los modelos, de todo acto humano significativo.
4. Al conocer el mito, el sujeto conoce el "origen" de las cosas y por consiguiente puede llegar a dominarlas y manipularlas a voluntad. No se trata de un conocimiento "externo" o "abstracto" sino de un saber que se "vive" ritualmente al narrar ceremonialmente el mito, al efectuar el ritual para el que sirve de justificación.
5. De una manera u otra se "vive" el mito en el sentido en que se está dominado por la potencia sagrada, que exalta los acontecimientos que se rememoran y se reactualizan.
"Vivir" los mitos supone una experiencia religiosa puesto que se diferencia de la experiencia de la vida cotidiana. La religiosidad de la experiencia mítica se debe a la actualización de los acontecimientos fabulosos, exaltantes y significativos; se asiste nuevamente a las obras creadoras de los Seres Sobrenaturales. Los mitos "revelan" que el mundo, el hombre y la vida tienen un origen y una historia sobrenatural y que esa historia es significativa y ejemplar.

Leyenda:
La Leyenda es una narración ficticia transmitida oralmente de generación en generación, o escrita, con contiene elementos imaginativos y que generalmente quiere hacerse pasar por verdadera o fundada en la verdad, o ligada en todo caso a un elemento de la realidad. A diferencia del mito, con frecuencia experimenta supresiones, añadidos o modificaciones.
A diferencia de un cuento, está ligada siempre a un elemento preciso (lugar, objeto, personaje histórico etc.) A diferencia del cuento también, la leyenda se centra menos en ella misma y más en la integración de los hechos que cuenta con el mundo cotidiano o la historia de la comunidad pertenece. Contrariamente al cuento, que se sitúa dentro de un tiempo ("érase una vez...") y un lugar (por ejemplo, en el Castillo de irás y no volverás) convenidos e imaginarios, la leyenda se desarrolla habitualmente en un lugar y un tiempo precisos y reales; comparte con el mito la tarea de dar fundamento y explicación a una determinada cultura, y presenta a menudo criaturas cuya existencia no ha podido ser probada (la leyenda de las sirenas, por ejemplo, la leyenda de la Llorona). Una leyenda está generalmente relacionada con una persona, una comunidad, un monumento, un lugar o un acontecimiento cuyo origen pretende explicar (leyendas etiológicas).
 

 


sábado, 6 de septiembre de 2008

YURUPARÍ

YURUPARÍ
RAÍZ Y DESARROLLO DE LA LITERATURA COLOMBIANA
POESÍA DESDE LAS CULTURAS PRECOLOMBIANAS - JAVIER ARANGO FERRER (1)

El único poema precolombino, sudamericano, escrito por el indio es el Yurupary. En el hallazgo de este documento se repite el proceso del Popol-Vuh. El conde italiano Ermanno Stradelli, baquiano en selvas y lenguas amazónicas, realizó cuatro viajes por el Vaupés, de 1881 a 1890. En el último de ellos el indio Maximino José Roberto le confió el texto de la leyenda, escrito de su puño y letra en lengua Ñengatý y en caracteres latinos, exactamente como en el poema de los mayas. Stradelli lo tradujo al italiano y lo publicó junto con los viajes en el “Boletín” de la Sociedad Italiana de Geografía.
Las capacidades del indio José Roberto, nieto de una cacica famosa del Vaupés, no dejan duda sobre la autenticidad de la obra, según se desprende de los elogios que le dedica Stradelli en sus memorias.
¿Quién era el indio José Roberto y en dónde se hizo apto para escribir el poema de sus mayores? ¿Qué noticias existen del texto original? Si acaso la existencia del autor indígena fuera puesta en cuarentena por la crítica, la autenticidad literaria del poema no sufriría el menor quebranto. En tal caso podría pensarse que el conde Stradelli se ocultó tras un indio fabuloso para darnos el poema como dio Macpherson en 1761 el de Ossian, basado en documentos que no conoció la crítica. Stradelli era un hombre demasiado serio para incurrir en semejantes travesuras más propias del poeta que del sabio.
Si el territorio es nacionalidad, el Yurupary pertenece a nuestra literatura. El Vaupés constituye una entelequia geográfica de Colombia. El Yurupary es un poema heroico precolombino: aunque el autor lo hubiese escrito a fines del siglo pasado, el tema, auténticamente mágico, es anterior a toda influencia cristiana y a toda cultura que no sea la del Vaupés. El relato en la traducción de Restrepo Lince comienza así:

“En el principio del mundo una terrible peste se desató entre los habitantes de la sierra de Tenuí y atacó exclusivamente a los machos. No escaparon sino unos pocos viejos inútiles, cargados de años y antiguo payé (hechicero). Apesadumbradas por esto las mujeres, y previendo la inminente extinción de su raza… resolvieron reunirse en consejo… Los pareceres más extraños y diversos se discutieron…
“El payé o hechicero, no habiendo sido consultado por las mujeres, después de algunas reconvenciones, fue a bañarse con ellas en el agua del lago de donde cada una salió con una sonrisa y una esperanza. Ahora, dijo el payé, cada una tiene en sus entrañas el germen de la vida. En verdad todas estaban grávidas; él las había fecundado sin que lo sospecharan.
“Hecho esto el viejo payé, con agilidad impropia de su edad, subió sobre la sierra de Duba. Cuando llegó allí dio un grito: é é é… y se perdió en el lago cuya superficie quedó toda cubierta de un polvo blanco con el cual el payé…había escondido su juventud. Diez lunas después, en el mismo día y a la misma hora, todas parieron, asegurando el futuro de las gentes del Tenuí.
“Entre los recién nacidos se encontraba una espléndida niñita que por su belleza fue llamada Ceucy. La Ceucy de la tierra era el retrato de la Ceucy del cielo y creció hasta la edad de los primeros amores tan pura como la estrella de la mañana. Un día deseó comer la fruta del pihycán… prohibida a las doncellas y se internó en el monte. Fácilmente encontró la fruta deseada… La bella muchacha escogió las más apetitosas y maduras… y comenzó a comerlas… hasta saciarse… Se dio cuenta de que su virginidad no existía… En sus vísceras sentía alguna cosa extraña… Avergonzada, a su madre nada dijo y conservó celosamente el secreto hasta que el tiempo dio cuenta de su estado.
“Interrogada por los de la tribu contó la historia del pihycán… Después de diez lunas tuvo un niño hermoso como el sol y que superaba en belleza a la madre. Los tenuinas… lo proclamaron tuychaua y lo llamaron Yurupary o engendrado de la fruta. Tenía apenas una luna el infante cuando los suyos resolvieron entregarle las insignias del cacique. Faltaba sin embargo la itatuychaua (ita, peidra; tuychaua, cacique), que acostumbraban buscar en el cerro del Cuerno de la Luna… Los unos querían que toda la tribu en masa se trasladara a buscar la piedra; los otros, que fuesen los hombres solos, no pudiendo las mujeres tocarla.
“Discutiendo transcurrió otra luna hasta que vino a poner términos la desaparición de Yurupary… Había desaparecido pero ninguno en la aldea sabía cómo… cuando se oyeron en el monte los sollozos de Yurupary en la dirección del árbol del pihycán. Buscaron, rama por rama, en los rastrojos… y nada hallaron que pudiera ponerlos sobre la pista… Los sollozos eran tan lastimeros que hacían mal… La infeliz Ceucy, retirada sobre la más alta montaña, lloraba a su criatura y oyendo sus sollozos se adormecía hasta el amanecer. Pasaron así tres noches.
“Una mañana, al despertar, sintió que sus senos no contenían la leche que los henchían al adormecerse… Así pasaron dos años y cuando comenzó el tercero, en vez de llanto, eran cantos y gritos, era la risa de un alegre muchacho que la pobrecita sentía resonar en la montaña… Mientras él crecía en la sierra del Tenuí, fuerte e invisible… Ceucy se volvía vieja… y cuando quince años después Yurupary vino a buscarla, ella estaba aún allí, indiferente a todo, en aquel mismo lugar donde tantas noches, sin saberlo, habíalo amamantado.
“Fue el tiempo en que los bacabe están maduros: una noche de luna en que tornó a bañarse en el lago la Ceucy del cielo, cuando Yurupary reapareció en la aldea acompañado de su madre, la Ceucy de la tierra”.

Nótese en estos fragmentos el signo de la virgen madre tan común en las mitologías. Según la leyenda chibcha, Garanchacha, cacique usurpador de los zaques, era hijo de una virgen princesa fecundada por un rayo de sol. Nació en el fondo de una esmeralda. Según la mitología peruana el primer hombre creado por Pachacamac murió sin dejar hijos. Su viuda solitaria fue así mismo fecundada por el sol. Yurupary recuerda el mito mexicano del Tepozteco o hijo del viento, cuya madre virgen fue fecundada en el agua, milagrosamente, como las mujeres tenuinas. En Tepoztlán vi los cerros, a la manera de ciudadelas fortificadas, donde el semidiós mexicano vivió invisible y raudo como el viento hasta su aparición civilizadora y vengadora en el Anahuac, tierra de dioses americanos. Ceucy fecundada por la fruta prohibida es la eterna Eva paradisíaca junto al árbol de bien y del mal: árbol de vida.

Los signos solares del patriarcado aparecen en el poema. Cuando se hizo visible, ya el joven civilizador había recibido del sol los poderes mágicos para llevar a cabo su lucha contra el matriarcado. En el matiruy, especie de chuspa, el sol le había puesto los “espíritus del cielo” que le permitían ver el presente y lo ya acontecido. En el matiruy llevaba amuletos y toda clase de sustancias mágicas con las que adquirió los caracteres del creador especialmente de animales. Pero Yurupary aceptó los signos lunares del matriarcado. Valiéndose de sus poderes mágicos creó entre otros animales, el águila, que lo llevó al “Cerro del Cuerno de la Luna” donde había de recibir los signos del cacique. En el poema la luna humanizada es una resplandeciente señora sentada en lo más alto de la colina. En una mano tiene la piedra mágica, en otra los demás arreos. La luna le sonreiría al vestirle las prendas reales.
El héroe regresó, así provisto y coronado, a la aldea para iniciar a los hombres en las nuevas leyes que habían de transformar los usos y costumbres de todos los pueblos. Para ello fundó la sociedad secreta que rige la moral y la sabiduría de las culturas precolombinas, integrada exclusivamente por los hombres para enseñarles los primeros secretos de su doctrina. A las mujeres que lo espiaban desde los matorrales las convirtió en estatuas de piedra. Su propia madre quedó como una estela sonreída en la misma actitud de escuchar en que la sorprendió la metamorfosis. Cuando los hombres vieron petrificadas a sus madres comprendieron por qué lloraba Yurupary en el momento de iniciar su predicación.
Para sustraerse a la curiosidad hostil de las mujeres dispuso que algunos ancianos de la tribu construyeran en la lejana región del Aiary la Yurupary-oca en donde pudiera darse sin zozobras a la formación de su pueblo. Los viejos se trasladaron en un abrir y cerrar de ojos al lugar indicado, gracias a los talismanes de que iban provistos. Después de construir la gran maloca se vieron rodeados por las curiosas y bellas mujeres de la vecina tribu nunuiba, quienes los invitaron con palabras lisonjeras a una fiesta. Enloquecido de chicha y de lujuria uno de los viejos llamado Ualrí, ante los halagos de su hermosa compañera, traicionó a Yurupary revelando algunas de sus leyes. En medio de la bacanal los huesos del viejo traidor sonaban con la música de Yurupary.
Ualrí, personaje clave del poema, es el espíritu del mal en episodios de extraña fantasía surrealista. Un día andaba por el campo y algunos muchachos nunuibas le pidieron subir a un árbol gigantesco. Mientras, contra su prohibición, asaban al pie del árbol los frutos que él les arrojara, fue tan espesa la humareda que a punto de asfixiarse Ualrí hubo de apelar al talismán para descender rápidamente. En venganza desató una tempestad y se convirtió en una suerte de bohío. Los muchachos entraron en él para guarecerse del chubasco. Ualrí recuperó la forma humana y los muchachos quedaron sepultados en su vientre. Alarmados los nunuibas consultaron al payé de la tribu quien puso a funcionar el tabaco ceremonial y demás hechicerías hasta descubrir al caníbal con los muchachos ya muertos en su vientre.
Ualrí, traidor y antropófago, fue quemado vivo por los nunuibas. Cuando lo llevaban al suplicio sus huesos resonaban con la música de Yurupary. De su vientre en llamas nació una palmera llena de animales ponzoñosos cuya copa se perdía entre las nubes. De sus cenizas dispersas por la selva nacieron espíritus malignos que apedreaban desde la espesura a cuantos se aventurasen por esos parajes. En el curso del poema, los otros viejos, pertenecientes como Ualrí al antiguo régimen social, traicionan igualmente al héroe civilizador. Pero Yurupary y Caryda, su fiel compañero, los castigarán con la muerte después de perseguirlos en los episodios más pintorescos del relato.
Yurupary se trasladó sigilosamente con sus hombres a la maloca dejando en la aldea nativa a las mujeres y a los niños. En el canto XVI procedió a fabricar los instrumentos musicales necesarios a su misión civilizadora, sirviéndose de la palma en que se convirtieron los despojos de Ualrí.
“Yurupary - dice textualmente el poema - midió y tajó los instrumentos y cuando tuvo el número necesario echó al agua el resto de la palma”.
Esa misma noche trasladó la Yurupary-oca de la región maldita del Aiary, cerca al raudal que llaman del Yurupary, para huir de las cenizas de Ualrí y de los espíritus malignos que ellas engendraron. Entonces dio nombre a los instrumentos en donde viviría la música sagrada. Luego les dio el sonido extrayendo antes del matiry un poco de cera y pasándola por la embocadura de cada instrumento como hacen los tañedores costeños con sus gaitas.
“ Cuando el sol desaparecía - dice el canto XVII - los instrumentos comenzaron a sonar sin que nadie los tocara, con esa misma música festiva que los nunuibas habían oído en los huesos de Ualrí cuando lo llevaban al suplicio”.
Y dijo el héroe: Ha llegado la hora de la fiesta. Tenemos tres días y tres noches para aprender la música y los cantos de Yurupary”.
Pero he aquí que escondieron los instrumentos, porque las gentes de la tribu Arianda llegaron atraídas por la música. Entre los Tenuinas y las seductoras Ariandas se suceden escenas de regocijado humor. En la fiesta, que sella la amistad entre los dos pueblos, no hay resina para alumbrar la noche y el baile se desarrolla en la oscuridad. Las viejas de la tribu aprovechan la ocasión: lo que ojos no ven corazón no siente. La hermosa Curán, hija del cacique, se casa con uno de los Tenuinas y se convierte en la peor enemiga de Yurupary, valiéndose de la astucia para sorprender los secretos y robar los instrumentos.
Se ha dicho que Yurupary predicaba la magia demoníaca. Un misionero estuvo a punto de perder el pellejo porque en cierta ocasión mostró desde el púlpito la mascara ceremonial de Yurupary, que es tabú vedado a las mujeres. La estrecha relación entre Ualrí como espíritu del mal y la música de Yurupary obedece más bien a un proceso de expiación, de purificación, de redención. Es quizás el pensamiento surrealista de cómo la música que adormece a la serpiente puede transformar el espíritu demoníaco, ya que Yurupary predicaba la ley natural y era tan puro en sus costumbres como un santo. El “Libro I de los Reyes” me lo confirma en las palabras finales del capítulo XIV:
“Siempre que asaltaba el mal espíritu a Saúl, cogía David el arpa y tañíala; con lo que Saúl se recreaba y sentía mucho alivio, pues se retiraba de él el mal espíritu”.
Al través del texto bíblico se comprende la trascendencia que daba Yurupary a la música para expulsar los malos espíritus en la propia sustancia de quien los representaba y modificar la moral de los pueblos.
Las revoluciones amazónicas de los matriarcados contra los sistemas patrilineales, en que abunda la sociología primitiva, inclusive en Grecia, suceden a tal punto en el poema, que Yurupary tuvo que sumir en la locura a los Nunuibas y a las Ariandas. Al cabo de algún tiempo les devolvió la razón pero suprimiéndoles el recuerdo de sus conspiraciones. Así el héroe civilizador pacificó a todos los pueblos dentro de las normas patriarcales.
Cuando Yurupary regresó con sus hombres a la aldea del Tenuí encontró los huesos de todos los varones de la tribu sacrificados por las mujeres que ellas consideraban indignos de vivir, de amar y de gobernar. Y ellas huyeron del poblado dejando sus largas cabelleras en la habitación de Yurupary. Entonces el héroe fabricó los instrumentos y creó la música para llorar a los muertos. En cantos elegíacos los hombres, cubierta la cabeza con las largas cabelleras de las mujeres, lloraron a sus madres de piedra. Yurupary voló con la estatua de Ceucy a una abrupta montaña y allí la dejó para que de su corazón de piedra nacieran flores y plantas aromáticas.
Luego bebieron en el cachiry las cenizas de los muertos para que no sufrieran las inclemencias de la tierra. Mientras cumplía su misión Yurupary fue sordo al amor. Caryda, su amigo y confidente, vio surgir de las aguas a una bellísima mujer en quien reconoció a Caruma, la elegida del héroe. Y así dice el poema:
“Ella cantó el canto y la música de Yurupary con tanta dulzura que Caryda se adormeció, y cuando despertó… vio ya muy lejos dos siluetas que parecían seguir el mismo camino. Caryda se levantó y dirigió sus pasos hacia el poniente”.
Así termina el poema de las selvas que Colombia prohija por el lugar geográfico en que se desarrolla, como signo inicial de nuestra literatura. En una síntesis no es posible puntualizar las gracias poéticas y los mil y un episodios del relato….
Tomado de: Arango Ferrer, Javier. Raíz y desarrollo de la literatura colombiana: Poesía desde las culturas precolombinas hasta la “Gruta Simbólica”. Historia Extensa de Colombia, Academia Colombiana de Historia, Volumen XIX. Bogotá, Ediciones Lerner, 1965, pp. 33-42.

1. Escribo el significado de las siguientes palabras: Matriarcado, Patrilineal, Cuarentena, Entelequia, Inminente, Reconvenciones, Paradisiaco, Petrificado, Surrealista, Talismán, Metamorfosis.
2. ¿A qué tipología textual pertenece el texto anterior?
3. ¿Qué características podría tener una sociedad en la que gobernaran únicamente las mujeres? ¿Qué ventajas y desventajas traería este hecho?4. ¿Puede pensarse que la versión de Yuruparì transcrita por E. Stradelli representa fielmente las creencias de los indígenas del Vaupés? ¿Si? ¿No? ¿Por qué?
4. ¿Qué significa que esta obra "fue puesta en "cuarentena"? ¿Qué influencias externas a esta cultura puede tener esta obra escrita?
5. Para los indígenas del Vaupés, Yuruparí tiene varios significados, ¿cuáles son?
6. ¿Cuál es el tema fundamental de la obra contada por el indio José Roberto y transcrita por E. Stradelli?
7. Comparo las semejanzas que puedan existir entre la cosmovisión cristiana y la visión de mundo planteada en Yuruparí.
8. La obra Yuruparí contada por el indio José Roberto, podría considerarse como: ¿Un mito?, ¿Una leyenda?, ¿Un poema lírico?, ¿un poema épico?, ¿Una novela? Argumento la opción que considero acertada.
9. ¿Qué importancia tiene la música en esta obra? ¿Por qué era tan grave que se la robaran?
10. ¿Qué diferencia hay entre esta narración y una novela fantástica en la que también se presentan hechos y personajes maravillosos que tienen poderes sobrenaturales?

miércoles, 27 de agosto de 2008

Nukak-Makú, La última marcha

Tomado de la Revista Semana No.1248, 3 de abril de 2006

Los Nukak-Makú, la única etnia nómada de Colombia, están a punto de extinguirse. La violencia los espantó de la selva.
Cae un chaparrón nubla-todo, que entristece la selva. El aguacero se filtra por las enramadas y baña los cuerpos de los Nukak-Makú. Hay 76 indígenas, entre ellos 27 niños,14 micos y tres fogones de leña encendidos. Algunos de los menores juegan con los animales cerca del fuego, mientras varias madres amamantan a sus bebés y los hombres hablan una lengua extraña. Están en la finca Aguabonita, propiedad del municipio de San José del Guaviare. Allí fueron llevados tras su llegada e16 de marzo. Llegaron desnudos, exhaustos y asustados Venían huyendo desde Tomachipán, a nueve horas en lancha voladora por el río Inírida.
¿Por qué los expulsaron de allí? ¿Qué fue lo que vio este grupo de inocentes indígenas? Es difícil hallar la respuesta porque apenas algunos hilan unas palabras en español. Pero en sus miradas evidencian el temor.
La etnia Nukak-Makú es el último grupo nómada que existe en Colombia. El inventario de sus propiedades es elemental: el chinchorro para dormir, la cerbatana para cazar y los canastos para llevar los frutos que recogen de la selva. Nada más. Dedican sus jornadas a caminar la manigua. Así han sido siempre. Muchos años atrás disponían de la selva entera, pero en los últimos tiempos los colonos primero, y los actores armados después, los han ido cercando.
A pesar del inexorable etnocidio, pues se estima que en Colombia apenas quedan entre 400 y 500, los Nukak-Makú se aferran a su cultura. Caminan, cazan sus animales, recogen sus frutos y vuelven a caminar. En esas estaba este grupo cuando llegaron a un punto de Tomachipán en donde, según cuentan, les pasaron cosas incomprensibles.
Según una de las versiones, lo que les ocurrió no es para nada complejo, si se mira con los ojos de la `civilización'. Ellos, que no conocen el concepto de la propiedad privada, estaban recolectando sus frutas, pero el lugar en el que se encontraban era de unos colonos que los acusaron de robo.
Los colonos acudieron a las Farc, que en esa región fijan las leyes y dirimen los conflictos. Los guerrilleros no dudaron: entre unos indígenas y unos colonos de su base social, la escogencia era clara. Los Nukak Makú fueron expulsados.
Otra versión es menos inocente. Los indígenas se toparon con uno de los campamentos donde las Farc mantienen a sus secuestrados. Esto se infiere de las palabras de algunos de los Nukak-Makú: "hombres malos", "armas", "hombres amarrados y tristes". Esto concuerda con testimonios, casi en secreto, de pobladores de Tomachipán que dicen que en la región están varios cautivos, entre ellos el ex gobernador de Meta Alan Jara.
¿Puede servirle a alguien que un grüpo Nukak-Makú tenga esta información? En realidad muy poco porque la noción de punto fijo no existe para ellos. Y para nadie en Colombia es una revelación que los secuestrados están cautivos en lo profundo de las tinieblas donde el sol no logra penetrar las copas de los árboles. Sin embargo, las Farc los persiguieron y los amenazaron con matarlos si no se iban. Los indígenas dejaron atrás esos territorios de sombras y salieron a las llanuras.
Los 76 indígenas emprendieron la huida. A pesar de estar acostumbrados a caminar a través de la selva, en esta ocasión la experiencia fue dolorosa porque iban con miedo y en pos de un destino incierto. La última etnia nómada del país y una de los pocas existentes en el planeta se había transformado de la noche a la mañana en un grupo más de desplazados del conflicto colombiano. Llegaron a San José el 6 de marzo después de una marcha de dos meses. Entre ellos iba una mujer embarazada que tuvo a su bebé en el hospital. Según la tradición, cuando una mujer va a dar a luz se interna en la selva, acompañada por sus compañeras, y tiene a su hijo entre el follaje. Nada más distinto del parto que vivió esta vez.
Los habitantes de San José no sabían qué hacer y reaccionaron con una mal entendida solidaridad. Les dieron ropa, bebidas, comida como fríjoles y lentejas, y juguetes para los niños. Los Nukak-Makú son un grupo pacifista, ingenuo y agradecido. Por eso recibieron todo, pero después no sabían qué hacer con ello.
El problema no sólo es para ellos, sino para el Estado y la sociedad que tampoco saben qué camino tomar. La alcaldía, por ejemplo, habilitó un lote en las afueras de San José y los trasladó allí. Y dispuso de un equipo de personas que les lleva alimentos a diario y les brinda atención médica.
Pero ¿qué va a pasar a mediano plazo? La respuesta es muy compleja porque lo más contraproducente puede resultar seguir brindándoles cuidados paternalistas: a la vuelta de la esquina es probable que pierdan su condición de nómadas y su principal activo cultural se extinguiría. Pero este es un proceso que lleva ya mucho tiempo. La extinción se hizo visible hace casi 20 años, cuando los Nukak-Makú tuvieron el primer contacto con los colonizadores del Guaviare.
En 1988 irrumpió en Calamar, otro asentamiento urbano del Guaviare, un grupo similar. La diferencia en aquel entonces era que no iban hombres. Eran unas 50 personas, pero sólo mujeres y niños. Arribaron, como en esta ocasión, desnudos, hambrientos y a punto de desfallecer. Fue la primera vez que el país tuvo conocimiento de los Nukak Makú. De los 58 grupos indígenas identificados en Colombia, el último que había entrado en contacto se remontaba a casi dos siglos. El deslumbramiento fue mutuo, pues ellos también estaban sorprendidos al ver los carros, escuchar los radios, mirar la televisión. El gobierno nacional envió desde Bogotá un grupo de especialistas para buscar una explicación.
Fue muy difícil porque la lengua que hablaban era incomprensible hasta para los antropólogos más avezados. La única señal era que se trataba de una lengua amazónica. El impacto de la noticia tuvo repercusiones en el mundo. Unos misioneros estadounidenses vinieron para informar que ellos conocían de esta etnia y entendían algo de su lenguaje pues, años atrás, habían estado evangelizándolos. Las mujeres dieron a entender que buscaban a sus hombres y que iban en dirección al occidente porque una de sus ancianas había tenido un sueño en el que le decían que siguiera hacia allá.
El gobierno entendió que se trataba de una comunidad nómada y que lo mejor era volverlos a donde hubieran partido para que ellos fijaran su destino. Los llevaron en un avión hasta Mitú, en Vaupés, y de allí a lo profundo de la selva en donde se sabía que había otro grupo de la familia Makú.
Sin embargo, las mujeres, con sus niños, volvieron a aparecer, pero en esta ocasión en Mitú. Seguían buscando a sus hombres. Habían hecho la ruta bordeando el río Vaupés. Nunca se supo el destino de ellos. Pero la experiencia sirvió para que los Nukak-Makú entendieran que si bien en otras culturas había hombres malos, también había otros buenos. La historia de que los habían cuidado, de que los habían llevado a volar y de que les habían dado de comer, corrió entre ellos y decidieron salir definitivamente.
Lo que encontraron fue una realidad atroz. Primero fue su encuentro con las Farc que en esa época controlaba con mano de hierro todo el departamento. Luego, con el cultivo de la coca, que se iba extendiendo como una plaga y finalmente, con la presencia de los paramilitares que llegaron a expulsar a la guerrilla.
Entre unos y otros quedaron atrapados los Nukak-Makú. Todos sacaron provecho de su inocencia. Por ejemplo, los propietarios de los cultivos detectaron que para esta etnia no hay concepto de dinero, por lo que los alistaron de raspachines. Los pusieron a recolectar hoja de coca y a cambio les daban galletas y gaseosas.
Luego los encargaron de cortar los árboles para quemarlos y sacar ceniza, un exitoso sucedáneo del cemento, un precursor prohibido del proceso de la cocaína. Como los Nukak-Makú son obedientes, lo único que había que hacer era decirles qué hacer, cuál árbol talar, cuánto quemar.
En este proceso, los Nukak-Makú se fueron integrando a la sociedad de la peor manera posible. Además, cada uno de sus sitios de movilidad se fue tiñendo de la sangre que causaban los guerrilleros o los paramilitares. De Mapiripán a Mitú. De Mitú a San José.
Andar desnudos y con el pelo rapado para ellos eran dos actos de suprema sabiduría. Andan así porque viven en la selva y lo peor allí es la ropa porque se humedece y en una caminata de tres días el cuerpo se llena de llagas. Y se cortan el pelo con las mandíbulas de las pirañas pues en la selva estorba y se hace inmanejable. Pero esa actitud tan natural se convirtió en un señalamiento peligroso. Por eso, varias niñas desnudas de los Nukak Makú fueron violadas. Los pequeños eran tomados por campesinos que los creían seres inferiores y se los llevaban con la pretensión cristiana de educarlos.
El proceso de extinción no ha tenido freno. Aunque son muchos los profesionales que hacen esfuerzos por cuidar su cultura, la violencia no les da tregua. La última página de esta historia se está escribiendo en San José. Son 76 indígenas, el grupo más numeroso que se conoce. Tienen 14 micos que forman parte esencial de su nutrición, y tienen varios canastos de seje o pataba, unas pepas de palma ricas en proteínas. Cuando los alimentos se les acaben, buscarán irse. Pero si quieren buscar en los alrededores pepas y cazar otros animales, se encontrarán con que todo está colonizado y es propiedad privada. Están cercados por una selva talada y los potreros no son su hábitat. Su mundo está en la selva. En donde pueden caminar libres y dormir donde los coja la noche.
Ahora esto es apenas una quimera. Y lo peor es que varios están enfermos, pues en su contacto con los cascos urbanos, se encontraron con la gripa y la tuberculosis, enfermedades mortales para ellos por lo desconocidas, pues jamás desarrollaron una defensa inmunológica.
Tal vez por eso es la tristeza de ahora. No por el chaparrón que cae y que lo nubla todo, al final están acostumbrados, sino por la tos que interrumpe su conversación en su lengua extraña. Una conversación que no logra ahuyentar su profunda soledad.
 
1. Vocabulario: Nómada, cerbatana, manigua, contraproducente, arribar, tregua, paramilitar, quimera, inmunológico. 
2. ¿A qué tipología textual pertenece el texto anterior? Justifica.